La cirugía oral es una intervención quirúrgica que se realiza en el interior de la boca. Algunos tratamientos dentales requieren que se realice una operación para llevarlos a cabo. Una operación que se efectúa con todas las garantías y medidas de seguridad que cualquier otra operación médica.
Por tanto, hay que tener en cuenta que estas operaciones no las realiza el dentista, sino un especialista, un cirujano.
Como sucede con cualquier operación médica, el seguro de salud norteamericano Cigna Healthcare indica en su página web que el paciente debe prepararse para la operación. Ninguna de las operaciones de cirugía oral implica internamiento hospitalario, pero sí requieren que sigamos una serie de pautas para tener una recuperación adecuada.
La primera de ellas es dejar la casa ordenada. Puesto que cuando regreses de la clínica dental es probable que necesites descansar. Lo que no puedes hacer es ponerte a hacer tareas domésticas.
Debes preparar la cama por si necesitas guardar reposo en posición inclinada.
Es importante seguir las indicaciones del cirujano oral. Por lo general, se suele pedir que no se coma ni se beba nada entre 8 y 10 horas antes de la cirugía. Las operaciones de este tipo se suelen realizar en ayunas.
Si el cirujano receta analgésicos para calmar el dolor, hay que tomarlos siguiendo las pautas del especialista.
Es necesario prever el regreso de la clínica a casa y para eso debemos informarnos del tipo de anestesia que se utilizará en la operación. Si es anestesia tópica o anestesia oral. Algunos tipos de anestesia inhiben la capacidad de conducir. Por lo que es necesario aclarar este asunto con el cirujano previamente. Si te suministran anestesia por vía intravenosa, necesitas que alguien te acompañe a la clínica y que te lleve a casa.
Un servicio especializado.
Es preciso insistir en este punto. La cirugía oral no es un servicio que se preste en todas las clínicas dentales. Nos lo cuentan los facultativos de CIPEM, una clínica dental de Pozuelo de Alarcón (Madrid), que lleva funcionando desde 1987 y que cuenta con un equipo de cirujanos orales en plantilla.
Cuando acudimos a una clínica dental, pensamos que todas son iguales. Todos llevan batas blancas; hay fotos enmarcadas en las paredes de personas sonriendo, acompañadas de frases motivadoras, una sala de espera con revistas. La cosa cambia cuando para resolver tu problema bucodental necesitas una cirugía que pocos especialistas pueden realizar y resulta que en esa clínica dental no hay ninguno.
Carecer de profesionales con esta preparación implica que determinadas intervenciones no se pueden realizar y que algunos tratamientos no se pueden llevar a cabo con las garantías adecuadas.
La página web Top Doctors indica que se recurre a la cirugía oral cuando una dolencia o un trastorno bucal no se pueden resolver por métodos tradicionales, generalmente menos invasivos. La odontología moderna no prima la intervención quirúrgica, al revés. Se recurre a ella como último recurso, para abordar problemas complejos o porque no hay otra manera de solucionar el asunto en cuestión.
Se recomienda recurrir a la cirugía oral cuando hay infecciones o un dolor intenso que no se puede eliminar con tratamientos conservadores, cuando hay dientes sumergidos dentro de la encía, que no erupcionan correctamente, cuando se busca hueso o espacio suficiente para colocar un implante dental o en problemas dentales que pueden afectar la mordida o el habla.
Estas son algunas situaciones y tratamientos que se suelen abordar con cirugía oral.
Extracción de las muelas del juicio.
Las muelas del juicio, también llamadas cordales molares, suelen aparecer entre los 18 y los 25 años, aunque no siempre llegan a salir. Son piezas dentales que actualmente no son imprescindibles para la masticación y que, cuando no disponen de espacio suficiente en la mandíbula, pueden convertirse en una fuente de problemas.
Una de las complicaciones más habituales es la infección de la encía. Cuando la muela intenta emerger, puede quedar parcialmente cubierta por tejido blando, creando una zona donde se acumulan bacterias y restos de comida. Esto puede provocar inflamación, dolor, mal aliento e incluso infecciones graves. También pueden aparecer quistes alrededor de la muela o daños en los dientes próximos.
La falta de espacio puede hacer que la muela crezca inclinada, presione las piezas vecinas o permanezca completamente dentro de la encía. En algunos casos, esta situación puede favorecer el apiñamiento dental o afectar al hueso y a las estructuras que rodean los dientes. Por este motivo, el cirujano oral puede recomendar su extracción cuando existe riesgo de complicaciones.
Antes de realizar la intervención, el especialista estudia la posición de la muela mediante una exploración y pruebas de imagen, normalmente radiografías. Esto permite conocer la orientación de la pieza y su relación con los dientes cercanos, el hueso y otras estructuras anatómicas.
La extracción se realiza habitualmente con anestesia local, por lo que el paciente no debería sentir dolor durante la operación. Si la muela ha salido completamente, el cirujano puede retirarla mediante técnicas similares a las empleadas para otros dientes. Cuando está parcial o totalmente cubierta por la encía, puede ser necesario realizar una pequeña incisión, retirar parte del tejido y, en determinados casos, dividir la pieza en varias partes para extraerla con mayor facilidad. Finalmente, se limpia la zona y, si es necesario, se colocan puntos de sutura.
Colocación de implantes.
La colocación de implantes dentales es otra de las intervenciones más habituales del cirujano oral. Señala el portal de información Scielo que la colocación de implantes es un tratamiento complejo, que requiere de un conocimiento anatómico detallado de los tejidos que conforman la boca. En especial, si el paciente presenta problemas como falta de hueso en el que integrar el implante, falta de espacio o el implante requiere una colocación particular.
Existen diferentes tipos de implantes dentales y la elección depende de las características y el estado de la boca del paciente. Los de titanio son los más habituales por su resistencia, compatibilidad y su capacidad para integrarse con el hueso. Los de circonio están fabricados con un material cerámico; son especialmente interesantes por su color similar al diente y por su menor tendencia a acumular placa. Por su parte, los implantes cigomáticos están indicados en determinados pacientes con una cantidad insuficiente de hueso en el maxilar superior. Son unos implantes más largos que se fijan en el hueso del pómulo.
Uno de los riesgos de la colocación de implantes es la periimplantitis, una infección que afecta a los tejidos que rodean el implante. La acumulación de bacterias puede provocar inflamación, sangrado, molestias y pérdida progresiva del hueso que proporciona estabilidad al apósito. Una higiene deficiente aumenta este riesgo, por lo que la limpieza y los controles periódicos son fundamentales.
La colocación del implante comienza con un estudio de la boca y de la estructura ósea mediante exploración y pruebas de imagen. El cirujano oral administra anestesia local y realiza una pequeña incisión en la encía para acceder al hueso. Después prepara el espacio donde irá alojado el implante y coloca el tornillo en la posición planificada. La encía se sutura y comienza el proceso de osteointegración, durante el cual el hueso se une progresivamente al implante. Una vez comprobada su estabilidad, se coloca el elemento que conecta el implante con la corona y, finalmente, la prótesis dental que sustituye al diente perdido.
La regeneración ósea.
En ocasiones, no hay suficiente hueso maxilar para colocar un implante, por lo que es necesario efectuar una reconstrucción o regeneración ósea. Tratamiento del que también se encarga el cirujano oral, tal y como explica la Revista Española de Cirugía Oral y Maxilofacial.
El injerto óseo es una intervención destinada a recuperar el volumen de hueso perdido en la mandíbula o el maxilar. Su objetivo principal es crear una base estable que permita colocar posteriormente el implante dental. La pérdida ósea puede aparecer después de la extracción de un diente, como consecuencia de una enfermedad periodontal o tras largos periodos sin piezas dentales.
Cuando el hueso disponible es insuficiente, pueden aparecer problemas como movilidad de los dientes, dificultades para masticar o cambios en la estructura de la boca. El injerto permite reconstruir parcialmente esa zona y favorecer la regeneración del tejido óseo.
El material utilizado para el injerto puede proceder del propio paciente o estar compuesto por materiales de origen biológico o sintético diseñados para favorecer la formación de nuevo hueso. La elección depende de la cantidad de hueso que sea necesario recuperar y del estado concreto del área que se debe reconstruir.
La intervención comienza con anestesia local. El cirujano oral realiza una pequeña incisión en la encía para acceder al área que necesita reconstrucción. Después prepara la superficie ósea y coloca cuidadosamente el material del injerto, procurando que ocupe el espacio que debe recuperarse. En determinados procedimientos, el injerto se protege mediante una membrana que ayuda a mantenerlo en su posición y favorece la regeneración. Finalmente, el especialista posiciona la encía y realiza las suturas necesarias.
Durante los meses posteriores, el organismo integra progresivamente el injerto y genera nuevo tejido óseo. Una vez restaurada la zona, se puede colocar el implante.
Los trastornos de la articulación temporomandibular.
La articulación temporomandibular (ATM) es una articulación que une la mandíbula al cráneo. En plena articulación, cuenta con un menisco o almohadilla que mantiene unidas las dos piezas de la mandíbula, y que, en caso de que se desplace, provoca fuertes dolores en el cuello, en el oído y en la cabeza. Estos problemas, cuenta el Instituto Nacional de Investigación Dental y Craneofacial de EE. UU., son bastante habituales en la población de todo el mundo y muchas veces se abordan mediante operaciones quirúrgicas.
Los trastornos de la articulación temporomandibular pueden aparecer por diferentes motivos, entre ellos factores genéticos, estrés, tensión muscular, traumatismos o determinados hábitos que sobrecargan la mandíbula. También se investiga la posible influencia de los cambios hormonales, ya que estos problemas son bastante frecuentes en mujeres.
El síntoma más habitual es el dolor mandibular, especialmente al masticar o mover la boca. Puede acompañarse de rigidez, chasquidos y dificultad para abrir o cerrar la mandíbula. En algunos pacientes, las molestias se extienden hacia la cara, el cuello o la cabeza y pueden aparecer cefaleas. También pueden producir zumbidos en los oídos o alteraciones en la forma en que encajan los dientes superiores e inferiores.
Para determinar el origen del problema, el especialista realiza una exploración de la mandíbula y analiza el movimiento de la articulación. Para ello puede recurrir a radiografías, tomografías u otras pruebas de imagen para conocer el estado de los huesos y de los tejidos implicados.
El tratamiento suele comenzar con medidas conservadoras, no invasivas, pero cuando existe una alteración estructural grave y estas opciones no funcionan, puede plantearse la cirugía. En estos casos, el cirujano oral interviene directamente sobre la articulación mediante técnicas destinadas a reparar, limpiar o sustituir las estructuras dañadas, según sea la causa y gravedad del trastorno.
Quistes y abscesos.
Otra de las intervenciones que suele realizar el cirujano oral, nos cuenta la web Medlineplus, es la extirpación de quistes y abscesos dentales.
Un absceso dental es una acumulación de pus provocada por una infección bacteriana que afecta al interior de un diente o a los tejidos que lo rodean. Suele aparecer como consecuencia de una caries avanzada, aunque también puede formarse por otros motivos, como un traumatismo.
El síntoma más característico es un dolor de muelas, intenso, continuo y, en ocasiones, punzante. También pueden aparecer inflamación de la encía o de la cara, sensibilidad al frío y al calor, dificultad para masticar y, si la infección está avanzada, fiebre o malestar general. Aunque el dolor disminuya temporalmente, la infección puede continuar y extenderse hacia el hueso y otros tejidos.
El tratamiento depende del estado del diente y de la extensión de la infección. Cuando es necesario eliminar el absceso mediante cirugía, el cirujano aplica anestesia local y realiza una pequeña incisión para acceder a la zona afectada y drenar el pus. Después limpia el tejido infectado y, según sea el caso, puede ser necesario extraer el diente afectado.
Como vemos, el cirujano oral cumple una función inestimable en la salud bucodental.



