Llega el buen tiempo y tenemos unas ganas locas de zambullirnos en la piscina. Como está claro, antes de volver a utilizarla debemos hacerle una buena puesta a punto. Revisar todo lo que concierne a la piscina y al jardín que lo rodea, para que podamos disfrutar esta zona exterior sin complicaciones. Estas son algunas tareas que deberás abordar.
Dice el Diario de Huelva que mediados de junio es la mejor época para empezar a usar la piscina, pero que debemos hacer la puesta a punto en abril, para que no se nos eche el tiempo encima.
Claro, esta es una valoración algo sui géneris. Tras consultar varias fuentes y hablar con profesionales, el momento preciso para la preparación de la piscina varía de unos a otros. Mientras algunos recomiendan la Semana Santa como el momento propicio para empezar a preparar la piscina, otros hablan del mes de mayo. Lo que está claro es que la primavera es el periodo correcto.
Lo que esá claro es que antes de usar la piscina, tenemos mucho que hacer. Estas son las tareas clave:
La puesta a punto.
Los técnicos de Mantenimientos Aranda, una empresa alicantina que lleva más de 25 años dedicada al mantenimiento y reparación de piscinas, subrayan que la preparación de la piscina antes del verano debe ser un proceso meticuloso. No basta con retirar la lona con la que la hemos cubierto en invierno, limpiar un poco el agua y poner a funcionar el sistema de filtrado. Hay que revisar a conciencia todo lo referente a la piscina. Desde la bomba de agua y el funcionamiento de los circuitos internos hasta asegurarnos de que no hay ninguna grieta o fuga de agua en el vaso. Por supuesto, elementos como las escaleras o la rampa del trampolín deben estar en buenas condiciones, para prevenir accidentes. El primer paso es la puesta a punto.
Después de pasar todo el invierno cubierta y sin apenas uso, la llegada de la primavera marca el momento ideal para preparar la piscina de cara a la nueva temporada de baño. Aunque la piscina haya permanecido protegida durante los meses fríos, es importante realizar una puesta a punto completa para garantizar que el agua esté limpia, segura y en perfectas condiciones para los bañistas.
El primer paso consiste en retirar cuidadosamente la cubierta de invierno. Conviene hacerlo despacio para evitar que las hojas, el polvo o el agua acumulada sobre el cobertor caigan dentro de la piscina. Una vez retirada, es recomendable limpiarla bien con agua y dejarla secar antes de guardarla. De este modo, se conservará en mejores condiciones para el próximo invierno y se evitará la aparición de moho.
A continuación, es necesario realizar una limpieza general del vaso de la piscina. Durante el invierno pueden haberse acumulado residuos en el fondo o adherido suciedad a las paredes. Con ayuda de una red recoge-hojas y un cepillo especial se eliminan fácilmente restos vegetales, insectos y pequeñas manchas. Esta limpieza previa facilita el trabajo del sistema de filtración y mejora la calidad del agua.
Otro aspecto fundamental es revisar todo el sistema técnico de la piscina. La bomba, el filtro y las tuberías deben comprobarse antes de ponerlos en funcionamiento. Si algunos componentes se hubieran desmontado durante el invierno, habrá que reinstalarlos correctamente y asegurarse de que no existan fugas ni averías. También es aconsejable limpiar o sustituir los filtros para garantizar un rendimiento óptimo.
El nivel del agua debe recuperarse hasta alcanzar aproximadamente la mitad de los skimmers. Este detalle es importante para que la filtración funcione de manera eficiente y el agua circule correctamente. Después, llega el momento de analizar los parámetros químicos del agua, especialmente el pH, ya que influye directamente en la eficacia del cloro y en la comodidad de quienes se bañan.
Antes de inaugurar oficialmente la temporada, suele realizarse un tratamiento de choque con cloro para desinfectar el agua en profundidad. Durante este proceso, el sistema de filtración debe permanecer funcionando entre 24 y 48 horas, ininterrumpidamente, para distribuir correctamente los productos químicos. También conviene revisar los niveles de alguicida y estabilizador para evitar problemas posteriores.
Por último, es recomendable inspeccionar los accesorios de la piscina, como escaleras, focos, trampolines, duchas, etc. Verificar que todo se encuentra en buen estado ayuda a prevenir accidentes y garantiza que la piscina esté completamente preparada para disfrutarla con seguridad todo el verano.
La limpieza.
Lo acabamos de mencionar en el punto anterior, pero queremos ahondar en este punto. Puesto que como señala la revista digital Guía Verde, una correcta limpieza de la piscina va a prevenir posibles infecciones en el verano durante su uso.
Mantener una piscina limpia va mucho más allá de retirar hojas o eliminar la suciedad visible del agua. El agua de una piscina contiene microorganismos, restos orgánicos, polvo, cremas solares y otras sustancias que pueden afectar tanto a la salud de los bañistas como al estado de la instalación. Por ello, la limpieza de una piscina implica un proceso constante de depuración, desinfección y control químico del agua.
El sistema de filtración es una de las piezas fundamentales en este mantenimiento. El agua circula de forma continua a través de bombas y filtros que eliminan partículas en suspensión y ayudan a mantenerla transparente. Antes de regresar al vaso de la piscina, el agua pasa por distintos sistemas de desinfección donde se añaden productos químicos, como cloro o alguicidas, destinados a reducir bacterias, hongos y otros agentes patógenos. Gracias a este proceso de recirculación, el agua se mantiene en condiciones higiénicas adecuadas durante toda la temporada de baño.
La limpieza manual también desempeña un papel importante. Es necesario retirar regularmente hojas, insectos y residuos con redes de superficie, además de cepillar paredes y fondo para evitar la acumulación de algas y suciedad incrustada. En muchas piscinas se utilizan limpia-fondos automáticos que facilitan estas tareas y permiten una limpieza más profunda y uniforme.
Antes del inicio de la temporada de verano, conviene revisar toda la instalación. Las motobombas, filtros, válvulas, cuadros eléctricos y sistemas de cloración deben comprobarse con antelación para asegurarse de que funcionan correctamente. Una avería en cualquiera de estos elementos puede afectar rápidamente a la calidad del agua.
Tras esta revisión técnica, se realiza la puesta a punto de la piscina. Habitualmente se aplican productos fungicidas y desinfectantes para eliminar microorganismos acumulados durante el invierno. Después se ajustan parámetros esenciales como el nivel de cloro y el pH del agua. Mantener un pH equilibrado es fundamental, ya que un agua demasiado ácida o alcalina puede irritar la piel y los ojos, y reducir, además, la eficacia del cloro.
Relacionado con este punto está el de que el propietario o responsable de la piscina debe comunicar la apertura de la piscina al ayuntamiento con dos semanas de antelación y adjuntar el certificado sanitario correspondiente. Esta medida es obligatoria para las piscinas comunitarias; y recomendable en las particulares. Sobre todo de cara a investigar posibles infecciones que se produzcan en verano.
La rehabilitación.
La rehabilitación de una piscina es una tarea fundamental para garantizar su seguridad, su buen funcionamiento y una correcta conservación a lo largo de los años. Con el paso del tiempo, el uso continuado, la exposición al sol, los productos químicos y los cambios de temperatura terminan deteriorando tanto la estructura como los sistemas técnicos de la instalación. Por eso, actuar a tiempo ante los primeros signos de desgaste evita averías más graves y costosas en el futuro. Gran parte de estos signos lo podemos descubrir durante esa revisión que hacemos antes de la puesta en marcha.
Uno de los problemas más habituales son las fugas de agua. Muchas piscinas presentan pequeñas grietas o fisuras en las paredes y en el fondo debido a movimientos del terreno, asentamientos o envejecimiento de los materiales. Estas pérdidas no solo aumentan el consumo de agua, sino que también pueden dañar la estructura y provocar humedades en zonas cercanas. Para solucionarlo, los técnicos localizan el punto exacto de la fuga mediante pruebas de presión o sistemas electrónicos y aplican selladores especiales o revestimientos impermeabilizantes.
Otro elemento clave es el sistema de filtración. Cuando los filtros se obstruyen o las bombas pierden rendimiento, el agua deja de depurarse correctamente y aparecen problemas de suciedad, bacterias y algas. En muchas rehabilitaciones se sustituyen filtros antiguos, se revisan las bombas y se modernizan los sistemas de depuración para mejorar la calidad del agua y reducir el consumo energético.
El revestimiento interior también suele deteriorarse con los años. El gresite puede desprenderse, las juntas desgastarse y los revestimientos de pintura o vinilo perder estanqueidad. Además del problema estético, estos daños favorecen la aparición de filtraciones y acumulación de suciedad. En estos casos, se reemplazan las piezas dañadas o se instala un nuevo revestimiento más resistente y fácil de mantener.
Las tuberías enterradas representan otra fuente frecuente de averías. Las raíces de árboles cercanos, los movimientos del terreno o simplemente el envejecimiento de las tuberías pueden provocar roturas y obstrucciones. Detectar estos problemas requiere herramientas especializadas, ya que muchas veces las fugas no son visibles a simple vista.
Es habitual rehabilitar elementos exteriores como escaleras, barandillas y bordillos. La humedad constante y la acción del cloro terminan oxidando piezas metálicas y deteriorando las superficies. Renovar estos elementos no solo mejora la estética de la piscina, sino que aumenta la seguridad de los usuarios.
En piscinas climatizadas, la revisión del sistema de calefacción y de la iluminación subacuática forma parte del mantenimiento integral. Un fallo eléctrico o una luminaria mal sellada pueden generar averías importantes. Muchas rehabilitaciones actuales aprovechan para incorporar sistemas más eficientes, como iluminación LED o equipos automáticos de control del agua.
En definitiva, rehabilitar una piscina no consiste únicamente en reparar desperfectos visibles. Es una inversión destinada a prolongar la vida útil de la instalación, mejorar la seguridad y disfrutar de una piscina más eficiente, cómoda y fácil de mantener.
Preparar el jardín que rodea la piscina.
Ya que estamos metidos en faena, debemos echarle una ojeada al jardín que rodea la piscina. Es otra parte exterior que vamos a utilizar en verano y queremos que esté operativa. El sol y las altas temperaturas de los meses de julio y agosto dañan el césped. Por eso debemos prepararlo antes. En este sentido, el blog de Grupo Hidalgo nos proporciona algunos interesantes consejos.
Respecto al césped que tenemos cerca de la piscina, debemos cortarlo en los meses de primavera, antes de que suban las temperaturas. Pero no debemos dejarlo demasiado corto. La idea es sanearlo y permitir que se airee la tierra donde está plantado, de manera que no se creen zonas compactadas.
Del mismo modo, debemos aplicarle un fertilizante equilibrado, para fortalecer el césped de cara al verano y regarlo de manera regular, pero sin llegar a encharcarlo, para que gane vitalidad.
Es interesante que trabajemos zonas de sombreado. Bien porque plantamos árboles de hoja caduca que van a dar sombra en verano, o porque instalamos elementos artificiales como pérgolas o toldos velas que va a proporcionar sombra y van a refrescar el ambiente.
Esta sombra la agradecen los usuarios de la piscina, pero también el césped y las plantas de jardín. Las radiaciones ultravioleta de los rallos del sol en verano también son perjudiciales para los vegetales. El sol puede llegar a ser devastador para las plantas.
Si estamos pensando en adornar el jardín con plantas, para que se vea más bonito o acogedor, debemos inclinarnos por especies que soporten bien las altas temperaturas y que no requieran mucho riego. Plantas como los geranios, las petunias, el romero, la lavanda o las margaritas.
La limpieza es un aspecto importante. Por lo que resulta conveniente dedicar una jornada completa a limpiar el jardín en profundidad. Debemos limpiar con un rastrillo el césped y todo el jardín de hojas secas, ramas y restos; lavar con agua a presión los suelos de piedra o cerámica y hacer una revisión del mobiliario de jardín.
Estamos deseosos de volver a usar nuestra piscina, pero debemos asegurarnos de que todo está correcto. No queremos llevarnos una sorpresa desagradable el momento en que la vallamos a utilizar.



