Para divorciarte por vía contenciosa, a través de un juicio, cada una de las partes debe contar con su propio procurador, además de su correspondiente abogado. Un requisito que todo el mundo no conoce y que pocos alcanzan a explicar el porqué.
Me sucedió el otro día tomándome un café con una amiga que se está divorciando. En mitad de la conversación surgió el comentario de “me estoy gastando un pastón en el procurador”. Me lo dijo con cierta rabia. Todo lo que hace referencia a su divorcio le exaspera, pero es un tema imposible de evitar cuando te cruzas con ella en este momento de su vida.
Siempre había visto su matrimonio como una de las parejas más estables dentro de mi círculo de amistades. He tenido más amistad siempre con ella que con el marido, con el que habré coincidido en un par de ocasiones. Yo lo veía como una persona amable y que tenía gran sintonía con su pareja. Mi amiga, años atrás, en esos cafés que tomamos para ponernos al día, hablaba de él poniéndolo por las nubes. Era el marido perfecto. Le ayudaba con las tareas de la casa, se preocupaba de los niños, hacían sus escapadas y sus viajes. En fin, el matrimonio idílico.
De repente pasan del amor al odio. A un odio visceral. Imposible, conociendo a mi amiga, llegar a un divorcio de mutuo acuerdo y menos con los ánimos tan caldeados como están ahora.
El caso es que su comentario me intrigó: “¿Qué hace el procurador? ¿Para qué lo necesitas?” – Le pregunté.
“Es quien ha interpuesto la demanda y quien me lleva los papeles del divorcio”- Me respondió.
“¿Y eso no lo hace tu abogado?”- Profundicé en el asunto.
“Pues no.” – Intenté que me explicará el porqué y no supo hacerlo. Por eso me he puesto a investigarlo por mi cuenta. No en el divorcio de mi amiga en concreto. Si no a nivel general. Quien dice que algún día no pueda necesitarlo.
Los divorcios a la orden del día.
Informa la web de RTVE Noticias que los divorcios crecieron en España un 8,2% en el 2024. Después de dos años consecutivos de descensos. Ese año se divorciaron 86.595 parejas. Aún estamos lejos de los más de 100.000 divorcios anuales que se producían antes de la pandemia.
Parece que la inestabilidad económica ha frenado la tendencia al divorcio. Los años de inflación, la contención salarial (que en los hechos existe, aunque nadie habla de ella) y la dificultad en el acceso a la vivienda hace que nos pensemos un poco más la decisión de divorciarnos. Con esta tendencia se derrumba un mito. El dicho que reza que “cuando la pobreza entra por la puerta, el amor salta por la ventana”. Parece que las estrecheces y las dificultades mantienen unidas las parejas, no sé si en el amor, pero sí en la convivencia.
Otro detalle destacado es que de todos los divorcios que se celebraron en el 2024, solo un 2,6 % se realizaron entre parejas del mismo sexo. Es cierto que los matrimonios LGTBI son más minoritarios que los matrimonios heterosexuales, pero aun así, el porcentaje me parece bastante bajo. Tras la leyenda urbana de que el mundo gay es más promiscuo que el heterosexual, se esconde la realidad de que sus uniones matrimoniales son más estables.
La edad media de los matrimonios divorciados es de 16,4 años. Un 31,8% de los divorcios se realizan entre parejas que llevan más de 20 años casados. Los divorcios de matrimonios jóvenes, que llevan menos de 4 años, apenas alcanzan el 14%.
Después de algunos años de incertidumbre, ahora que la economía repunta, nos volvemos a divorciar.
Los divorcios contenciosos.
Un divorcio se puede establecer de mutuo acuerdo, firmando un convenio regulador que han pactado las partes, con la asistencia de un abogado y formalizarlo ante un notario o un juez.
Sin embargo, hay veces donde la pareja no se pone de acuerdo y no hay más remedio que recurrir a un juicio. Es en estos divorcios en los que el papel del procurador es clave.
El divorcio contencioso es la vía legal que se utiliza cuando uno de los cónyuges quiere disolver el matrimonio y no existe consenso con la otra parte. En el ordenamiento jurídico español no se exige que ambos cónyuges estén de acuerdo para iniciar el divorcio: es suficiente con que uno de ellos exprese su decisión de divorciarse y presente la demanda ante el juzgado correspondiente. A partir de ese momento, el procedimiento queda en manos de un juez, que será el encargado de establecer las condiciones que regirán la ruptura.
El proceso suele comenzar con la intervención de un abogado, quien asesora al cónyuge que promueve el divorcio y redacta la demanda. En muchos casos, antes de acudir formalmente a los tribunales, se intenta un acercamiento con la otra parte para valorar la posibilidad de alcanzar un acuerdo que evite un litigio. Estas gestiones previas no siempre prosperan, especialmente cuando existen conflictos importantes relacionados con los hijos, el patrimonio o el uso de la vivienda familiar.
Cuando no hay entendimiento, cada cónyuge debe estar representado por su propio abogado y su propio procurador. Tras la presentación de la demanda, el juzgado la traslada a la otra parte, que podrá responder, oponerse o formular sus propias solicitudes. El procedimiento continúa con las fases habituales, como la aportación de pruebas y las vistas judiciales.
Si uno de los cónyuges decide no participar en el proceso y no atiende las comunicaciones del juzgado, el juez puede declararlo en rebeldía. Esta circunstancia no paraliza el procedimiento, que seguirá su curso hasta que se dicte sentencia. La resolución judicial será plenamente válida y obligará a ambas partes, hayan intervenido en el proceso o no.
La figura del procurador.
Tal y como señalan los letrados de Moliner Procuradores, un despacho de procuradores de Burgos con más de 75 años de experiencia, el papel de un procurador es lograr una gestión eficiente y transparente de todo procedimiento judicial.
El procurador es un profesional especializado en derecho procesal cuya función principal es actuar como representante de las partes ante los juzgados y tribunales. Su intervención resulta clave para que los procedimientos judiciales avancen de forma ordenada y dentro de los plazos establecidos, ya que conoce en profundidad el funcionamiento interno de los órganos judiciales. Gracias a esta especialización, el procurador contribuye a agilizar los trámites y a evitar incidencias que puedan retrasar un proceso.
Para poder actuar, el procurador necesita un poder de representación otorgado por su cliente, que puede formalizarse ante notario o directamente en el juzgado mediante el sistema conocido como “apud acta”. A partir de ese momento, puede actuar en nombre de la persona a la que representa, impulsando el procedimiento y realizando las gestiones necesarias ante el tribunal correspondiente.
Entre sus funciones más relevantes se encuentra la presentación y recepción de documentos judiciales. El procurador se encarga de entregar escritos, resoluciones, citaciones y requerimientos, así como de trasladar las notificaciones a la parte contraria, asegurando que la comunicación procesal se realice correctamente. También asume diversos trámites administrativos vinculados al proceso, como inscripciones en registros públicos o la publicación de edictos oficiales.
El procurador vela por las formas en el procedimiento judicial, mientras que el abogado interviene más en las estrategias de defensa de los intereses de su cliente.
Las funciones del procurador en el divorcio.
La revista El Derecho subraya que una de las funciones más importantes de los procuradores en un proceso de divorcio es velar porque todas las notificaciones lleguen a las partes en plazo y forma adecuada. Pero esta es solo una parte de su trabajo. Estas son las funciones de un procurador en un divorcio:
- Representación procesal de su cliente. El procurador representa legalmente a su cliente ante el juzgado, actuando como intermediario formal entre este y el órgano judicial durante todo el procedimiento de divorcio.
- Presentación y recepción de escritos judiciales. Se encarga de presentar la demanda de divorcio, las contestaciones, recursos y cualquier otro escrito procesal, así como de recibir y trasladar a su cliente y al abogado todas las notificaciones del juzgado.
- Control y seguimiento de plazos judiciales. Vigila que se cumplan los plazos legales para evitar retrasos, caducidades, sanciones o perjuicios a cualquiera de las partes, informando puntualmente al abogado de cualquier requerimiento judicial.
- Comunicación con el juzgado. Mantiene contacto directo con el juzgado para consultar el estado del procedimiento, resolver incidencias y agilizar la tramitación del divorcio.
- Gestión de diligencias y actos de comunicación. Así mismo, solicita y coordina emplazamientos, citaciones y notificaciones a las partes, así como otros actos procesales necesarios durante el proceso.
- Colaboración con el abogado. Aunque son dos profesionales autónomos, podríamos decir que, en cierto modo, forman un equipo. El procurador trabaja de forma coordinada con el abogado, facilitando la correcta tramitación del procedimiento y aportando apoyo técnico en la gestión del divorcio cuando sea necesario.
Aunque la labor de procurador en un divorcio no es muy conocida, su papel es fundamental.



