En esta época que nos ha tocado vivir, hay muchas prisas, a veces demasiada información, incertidumbre y problemas para desconectar. Un contexto en el que el cuidado de la salud no es solamente prestar atención a los problemas físicos: hablamos de dedicarle tiempo al equilibrio emocional, a las relaciones y actividades que nos devuelven energía y perspectiva.
La risoterapia cada vez aparece más en los servicios de los centros de bienestar y se presenta como un recurso sencillo, humano y accesible para incorporar una pausa positiva a la rutina.
No es solamente “reír por reír”; la risoterapia usa dinámicas de juego, respiración, movimiento, expresión corporal y conexión grupal para facilitar la risa o la desinhibición. Se considera una intervención complementaria orientada a que haya un bienestar a nivel mental, social y físico, no un sustituto de la atención psicológica y médica, cuando sea precisa.
El valor de recuperar la risa
La risoterapia, como se dice en la web del Centro Vidaes, es una técnica grupal de conexión con la risa y la diversión. Hay que tener en cuenta que la risa es una respuesta natural del cuerpo ante el humor, la alegría, la sorpresa o incluso el contagio social.
Sí que es verdad que en la vida actual, con tantas obligaciones, estrés y pantallas, las personas en ocasiones dejan de relacionarse con una parte espontánea de sí mismas.
La risa puede parecer algo pequeño, pero a la vez abre un lugar de descanso emocional que es de gran ayuda para que se quite importancia a las preocupaciones y se recupere una sensación de proximidad con los demás.
Lo que ha hecho la psicología positiva es poner el foco en lo importante que es cultivar las emociones agradables sin que se nieguen los problemas reales. El hecho de sentirse bien no es sinónimo de vivir ajeno a los problemas, sino de que se desarrollen recursos a nivel personal para afrontarlos de una manera más flexible.
Las emociones positivas están asociadas con un bienestar mayor, calidad de vida y capacidad de respuesta ante las adversidades.
Esto es lo que hace que la risoterapia encaje muy bien en la sociedad que precisa de una fórmula realista para el cuidado del bienestar. No promete que se eliminen los problemas de un día para otro, pero va a proponer una experiencia en concreto: parar, respirar, soltar tensión y compartir un momento de ligereza.
¿Qué es la risoterapia?
Profundizando más en ella, lo cierto es que en ella se reúne una serie de técnicas que se han diseñado especialmente para inducir a que los participantes entren en un estado de desinhibición y favorecer una risa intensa, tanto a nivel individual como en grupo.
En la misma se incluyen ejercicios de respiración, juegos de presentación, movimientos corporales, música, improvisación, expresión facial y dinámicas que pueden despertar una risa espontánea.
Un aspecto realmente importante es que no siempre se comienza con una carcajada de verdad. A veces se trabaja primero con una risa provocada o simulada, la cual se puede transformar en una risa genuina mediante el contacto visual, el movimiento y el contagio del grupo.
La finalidad no es actuar ni demostrar que somos personas divertidas, sino que se libera tensión y que podemos estar presentes sin tantas autoexigencias. En los talleres hay una primera fase de bienvenida y explicación a la que le van a seguir ejercicios para la relajación del cuerpo y que se rompa la vergüenza.
Luego se introducen juegos, música o actividades de grupo, terminando por lo general con una puesta en común para que los participantes se expresen sobre cómo se sintieron.
Beneficios para el bienestar
La risa genera una vivencia corporal completa. Interviene la respiración, el diafragma, la musculatura facial, el abdomen y la postura, pero del mismo modo la atención y la emoción. Por todo ello, una sesión de risoterapia puede aportar una sensación de descanso similar a la experimentada después de que se haga un ejercicio suave, hablar con personas de confianza o que se dedique un rato a una actividad que sea placentera.
Entre los efectos que se atribuyen a la risa, podemos hablar de la reducción de la tensión que se acumule. La evidencia disponible lo que hace es situar la terapia de la risa entre las intervenciones complementarias y destaca su potencial preventivo en ámbitos personales, comunitarios, familiares o laborales.
Está claro que la risa no soluciona por sí misma las situaciones complejas, pero puede ayudar a que se rebaje momentáneamente la activación emocional con la que se afrontan las situaciones. Del mismo modo, ayuda a que se tenga una percepción más amable de uno mismo. Son muchas las personas en edad adulta que han aprendido a controlar de manera constante la imagen, voz y reacciones.
Cuando se participa en una actividad lúdica, sin exigencias de rendimiento, ello permite que se recupere una cierta espontaneidad. Dicha experiencia refuerza la seguridad, la creatividad y también la capacidad para convivir con las imperfecciones. Otro de los beneficios más importantes es el componente social. La risa, cuando se comparte, ayuda a reducir las distancias, facilita la comunicación y crea un clima de confianza.
En los grupos nuevos, puede llegar a ser una herramienta de gran utilidad para romper el hielo. En los equipos de trabajo, familias o comunidades, dichas dinámicas valen para mejorar la convivencia, siempre que se planteen desde el respeto y sin que se obligue a nadie a exponerse más de lo deseable.
Un oasis frente al ritmo diario
Hay que tener claro que el bienestar no necesita de grandes cambios. En ocasiones comienza por reservar un espacio propio en una agenda saturada. Las propuestas que integran mente, cuerpo y emoción tienen valor porque ayudan a salir, aunque sea durante un momento, del modo automático en el que transcurre buena parte del día.
Los que buscan herramientas para rebajar el estrés, recuperar la vitalidad o solo reconectar con él mismo pueden encontrar alternativas complementarias en centros especializados.
La risoterapia puede terminar formando parte de un enfoque global. Al combinarla con hábitos básicos, como descanso suficiente, actividad física, alimentación equilibrada, vínculos sociales y atención profesional cuando corresponda, estamos ante una manera agradable de entrenar el autocuidado. No es solo imponer una actitud positiva permanente, sino que se crean oportunidades para sentirse aliviados o alegrías naturales.



