Las empresas certificadas inspiran más confianza.

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En un mercado altamente competitivo, las empresas necesitan certificados que corroboren que sus productos y servicios son de calidad y satisfacen las necesidades del cliente.

Un certificado es un documento independiente que constata un hecho determinado. Por ejemplo, una empresa puede decir que sus productos respetan el medio ambiente, pero es un tercero, que no está involucrado en la producción y la gestión de la empresa, quién asegura que eso es así, y lo plasma en un documento.

Tal y como nos aclaran los especialistas de EFC, una empresa internacional de certificación para la industria y los servicios, cuando una empresa se certifica, demuestra que ofrece el mejor producto o servicio posible al cliente. Manifiesta su preocupación por la calidad y se diferencia dentro del mercado.

Recurrir a la auditoría externa para asegurar la calidad de los productos no es nada nuevo. Los productores llevan tiempo contratando servicios de laboratorios independientes para garantizar la calidad de sus productos. Unas veces lo hacen por iniciativa propia, para mejorar los artículos que fabrican, y en otras ocasiones obligadas por la ley.

Se podría decir que un certificado tiene más fuerza que los controles periódicos. La empresa se lo puede presentar a los clientes, demostrando que sus argumentos publicitarios son reales. Con ello, sus productos y servicios adquieren más notoriedad.

Los certificados ISO.

La Organización Internacional de Normalización (ISO), fue creada en 1947 con la idea de establecer estándares industriales y comerciales a nivel mundial. El objetivo era fijar una serie de requisitos mínimos de calidad que debían cubrir los productos con independencia de la parte del mundo en la que fueran fabricados.

ISO tiene su sede Ginebra, en él están representados 167 países y han creado hasta la fecha más de 23.000 estándares que cubren multitud de áreas de la producción. Sus comisiones, que son las que redactan las guías para conceder los certificados, no están formadas por representantes de los gobiernos, sino por técnicos y científicos especializados en diferentes ramas: Electricidad, electrónica, salud, ingeniería, comercio, derecho internacional, etc.

Aparte de la ISO, muchos países tienen sus propias agencias de normalización, como el caso de España con AENOR, que se dedican a adaptar, a las condiciones del país, las directrices generales que propone el organismo internacional.

La Universidad Continental de México, UCO, explica como el certificado ISO 9001 de Sistemas de Gestión de Calidad (SGC) orienta a las empresas a la hora de administrar y mejorar la calidad de sus productos y servicios.

Los requisitos que se establecen en ella son una guía para que las empresas optimicen sus recursos de cara a ser más productivas.

Además de este certificado, existen una gran variedad de certificados ISO. Está el ISO 45001 sobre Seguridad y Salud en el trabajo. El ISO 14001 sobre gestión ambiental. El ISO 5001 sobre eficiencia energética. El ISO 27001 sobre seguridad en el tratamiento de la información o el ISO 39001 sobre seguridad vial, utilizada por empresas de transporte.

Los certificados ISO no son tramitados por la asociación internacional, los conceden empresas certificadoras privadas e imparciales acreditadas para realizar esta labor. El organismo internacional se dedica únicamente a establecer los requisitos para su concesión.

Las entidades de certificación estudian cada empresa, a instancia de la misma, no de oficio. Dependiendo de la rama de la producción, su sistema de funcionamiento y sus objetivos empresariales, proponen la solicitud de unos certificados u otros. Las empresas certificadoras realizan la gestión y las auditorias necesarias para conceder el certificado. Pueden efectuar un cierto mantenimiento, asegurándose de que los requisitos por los que se concedió el documento perduran en el tiempo.

Una de las características que tienen los certificados ISO es que los puede solicitar cualquier tipo de empresa. Con independencia de su tamaño y de su volumen de facturación. Lo que se tiene en cuenta es el cumplimiento de determinadas normas en su funcionamiento diario.

Certificados solidarios.

El aumento de la conciencia social ha dado lugar a la aparición de determinados certificados que expresan el compromiso de las empresas con ciertos valores y principios. Estos son algunos de ellos:

  • Certificado de comercio justo. Las condiciones para recibir este certificado están fijadas por la Organización Mundial de Comercio Justo (WTFO) y simboliza la preocupación de ciertas empresas por corregir los desequilibrios comerciales entre el primer y el tercer mundo y establecer un trato más igualitario con productores en situación de desventaja. Como se recoge en el Diario del exportador, su concesión se rige por este decálogo:
  1. Creación de oportunidades para productores de zonas más pobres.
  2. Transparencia y rendición de cuentas.
  3. Relaciones comerciales justas.
  4. Pago de un precio justo.
  5. Respeto a las normas sobre trabajo infantil y explotación laboral.
  6. Igualdad de género y no discriminación.
  7. Condiciones de trabajo saludables.
  8. Integración de colectivos vulnerables.
  9. Promoción de comercio justo.
  10. Respeto por la naturaleza.
  • Certificados ambientales. Expresan la sensibilidad que tiene la empresa en el respeto a la naturaleza y al medio ambiente. Las compañías son conscientes de la repercusión que su actividad económica tiene sobre el ecosistema y adoptan mediadas para evitarlos. En este sentido, AENOR, la agencia española de normalización, regula varios certificados como el de Gestión ambiental Global, Economía Circular, que hace referencia al reciclaje de residuos, Sector Forestal, en el que se refleja como la empresa replanta árboles en la misma proporción en la que se abastece de la naturaleza, Cambio climático, con el que se manifiesta como la empresa ha integrado en su actividad productiva los protocolos fijados en las cumbres internacionales por el Cambio Climático y Gestión de Recursos, que se refiere a la huella hídrica y a la eficiencia energética. En la construcción de edificios se aplica el Certificado de Sostenibilidad Ambiental, por el que se garantiza el mínimo impacto de la ejecución de la obra en el entorno natural.
  • Certificado de igualdad de género. Mediante este certificado se expresa la equidad de hombres y mujeres en el desempeño de cargos y puestos de trabajo en una empresa. Esto incluye desde los órganos directivos hasta las diferentes áreas de la producción. La concesión del certificado refleja la equiparación en número, el mismo nivel retributivo por categorías y las mismas condiciones laborales. Para solicitarlo, las empresas deben elaborar una memoria en la que se recoja, con datos, el nivel de compromiso con la igualdad de género en todos sus procesos y la política concreta de la empresa en este ámbito.

Ventajas.

Certificar una empresa reporta múltiples ventajas que repercuten tanto en la imagen que transmite la compañía como en su relación con los clientes. Para determinadas actividades, contar con un certificado abre más puertas, que se traduce en más encargos y, por tanto, más facturación. Estas son las ventajas más reseñables:

  1. Confianza con los clientes. Disponer de un certificado demuestra a los clientes que eres la empresa adecuada para prestarle el servicio u ofrecerle el producto que necesitan. Un documento imparcial concedido externamente avala que la empresa está capacitada para determinada tarea y que la va a realizar con un nivel de calidad.
  2. Competitividad. Dentro del sector en el que trabaja, la empresa se coloca en una situación preferente respecto a esa parte de la competencia que aún está sin certificar. La compañía adquiere más relevancia, puesto que el certificado muestra sus capacidades y habilidades en un campo determinado.
  3. Imagen corporativa. Tanto de cara al exterior como al interior de la empresa, se muestra la imagen de una compañía especializada, con personal cualificado y con medios adecuados para desempeñar una actividad.
  4. Compromiso con unos valores. El certificado manifiesta los principios por los que se rige la empresa y, por tanto, qué tipo de empresa es. En ella se aprecia que no tiene un móvil únicamente económico, sino que está preocupada por ciertos aspectos sociales, ecológicos y, desde luego, por ofrecer la mayor calidad posible a sus clientes.
  5. Revalorización de la marca. Al estar certificada, la marca con la que distribuye sus productos o servicios está mejor valorada en el mercado y goza de un cierto prestigio dentro del sector.
  6. Aumento de ventas y mejora de resultados. Como consecuencia de todo lo que hemos visto anteriormente, tiene su reflejo en el volumen de ventas y en la consecución de los objetivos fijados por la empresa.

La certificación, como contrapartida, implica una mayor responsabilidad. La empresa debe demostrar en los hechos que es valedora del certificado que se le ha concedido. Digamos que el certificado es un elemento poderoso que refuerza la confianza que un cliente deposita en una empresa, a la hora de elegirla por delante de la competencia, y que esta deberá corresponder en la práctica con la calidad de sus productos y servicios.

Cada día los clientes somos más exigentes. Un certificado aporta información sobre si una empresa es la adecuada o no para resolvernos un problema. Por el tipo de certificados que presenta, también podemos sentirnos identificados con ella, al ver que coincide con nuestros valores y con la forma que tenemos de entender el mundo.

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