Energía fotovoltaica, una solución para ahorrar mientras ayudas al planeta.

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Últimamente abunda mucha preocupación por mantener el ahorro en casa: los precios de la luz y de prácticamente de cualquier cosa han subido considerablemente a causa de ciertas situaciones que han ocurrido en el mundo; la inflación y demás ha conseguido que todos andemos buscando desesperadamente una forma de ahorrar dinero en nuestro día a día ¡Pero eso no es todo! La preocupación por ayudar al planeta tampoco se queda atrás.

Es por esto mismo que muchas personas se acaban preguntando cómo pueden mantener el ahorro sin descuidar el medio ambiente. ¿Hay maneras de conseguirlo? ¡Así es!

Nosotros te presentamos en este artículo una de las formas más revolucionarias para poder lograrlo, a través de la energía fotovoltaica. De la mano de los expertos, sacaremos a la luz los datos más reveladores e interesantes que te ayudarán a entenderla mejor, y, sobre todo, a saber, cómo puedes disfrutarla en casa para cumplir tus metas de ahorro y sostenibilidad.

Todos sabemos qué significa la palabra energía, pero ¿Qué significa fotovoltaico?

La palabra fotovoltaico se usa para hablar de algo que convierte la luz del sol en electricidad. Viene de “foto”, que significa luz, y de “volt”, que hace referencia a la electricidad. Así que, dicho de forma simple, algo fotovoltaico es aquello que usa la luz solar para producir energía eléctrica, como los paneles solares que se ponen en los tejados para aprovechar el sol.

¿Cómo se descubrió este tipo de energía?

El origen de la energía fotovoltaica se remonta al siglo XIX, cuando un joven físico francés llamado Alexandre Edmond Becquerel descubrió, en 1839, que algunos materiales producían una pequeña corriente eléctrica al recibir luz solar. Este fenómeno se llamó efecto fotoeléctrico y fue la base de todo lo que hoy conocemos como energía solar fotovoltaica.

Décadas después, otros científicos fueron perfeccionando este hallazgo. A finales del siglo XIX, Charles Fritts fabricó la primera célula solar recubriendo una fina capa de selenio con oro, aunque su rendimiento era muy bajo. Aun así, fue el primer intento real de transformar la luz del sol en electricidad de forma práctica.

El gran salto llegó en 1954, cuando los laboratorios Bell en Estados Unidos crearon la primera célula fotovoltaica de silicio eficiente, capaz de generar suficiente electricidad para alimentar pequeños aparatos: aquello marcó el inicio de la energía solar moderna. Poco después, en los años 60, la NASA empezó a usar paneles solares en los satélites espaciales, lo que impulsó aún más su desarrollo.

Desde entonces, la tecnología ha avanzado muchísimo: los materiales son más eficientes, los paneles duran más años y su fabricación es más barata. Lo que empezó como un curioso experimento de laboratorio se ha convertido en una de las formas más limpias y prometedoras de producir electricidad en todo el mundo.

Paneles solares en el espacio que pasaron a estar disponibles para cada casa.

Como hemos explicado, los famosos paneles solares se usaron por primera vez de forma práctica en el espacio, mucho antes de llegar a nuestros tejados. Sin embargo, con el tiempo, los investigadores comenzaron a pensar en cómo llevar esa idea a la Tierra. Al principio, los paneles eran carísimos y poco prácticos, así que solo se usaban en lugares muy específicos, como faros aislados, repetidores de telecomunicaciones o instalaciones en zonas rurales sin conexión a la red eléctrica.

Sin embargo, gracias a los avances tecnológicos (sobre todo a partir de los años 90), los materiales se abarataron y su eficacia mejoró notablemente, lo que permitió que la energía solar dejara de ser un lujo y empezara a estar al alcance de cualquiera.

¿Cómo funciona la energía de un panel solar en casa?

De la mano de los expertos de Enerzia, podemos comprender cómo funcionan los paneles solares produciendo energía fotovoltaica en las viviendas:

  1. Se capta la luz solar a través de los paneles.

Todo empieza en los paneles solares, que son esas placas que ves instaladas en los tejados. Dentro de ellas hay muchas células fotovoltaicas, hechas de materiales especiales como el silicio, capaces de reaccionar a la luz del sol. Cuando los rayos solares inciden sobre ellas, liberan electrones, y ese movimiento es lo que genera una corriente eléctrica. Cuanta más luz reciben los paneles, más energía producen, por eso se colocan siempre orientados hacia el sol y sin sombras.

  1. Conversión de la energía en electricidad a través del inversor.

La electricidad que sale de los paneles no se puede usar directamente porque es corriente continua, como la que usan las pilas. En casa, sin embargo, todos los aparatos funcionan con corriente alterna, así que aquí entra en juego el inversor, un aparato que transforma esa electricidad para que sea compatible con la instalación eléctrica de la vivienda. El inversor también controla el sistema, mide la producción y, en muchos casos, puede conectarse a una app para ver cuánta energía estás generando en tiempo real.

  1. Consumo directo o almacenamiento en baterías.

Una vez convertida la electricidad, hay dos opciones: usarla directamente en ese momento (por ejemplo, para encender luces, electrodomésticos o la calefacción eléctrica) o guardarla en baterías si no se necesita en ese instante. Las baterías solares funcionan como una especie de despensa energética: acumulan la electricidad sobrante durante el día para que puedas utilizarla por la noche o cuando el sol no brilla. Esto da mucha independencia, sobre todo en viviendas donde se busca reducir al mínimo la dependencia de la red eléctrica.

  1. Opción de vertido a red con compensación de excedentes.

Si tu instalación está conectada a la red eléctrica y produces más energía de la que consumes, esa electricidad extra se vierte automáticamente a la red. Las compañías eléctricas la registran y te compensan en la factura por lo que has aportado. No es que te paguen dinero directamente, sino que te descuentan el valor de esa energía en el consumo del mes siguiente. Este sistema, llamado “compensación de excedentes”, es una forma práctica de aprovechar toda la producción y hacer que tu instalación sea todavía más rentable.

Energía a favor del ahorro y del planeta, sin lugar a dudas.

¿Qué hemos aprendido ahora que conocemos la energía fotovoltaica? Pues que, sin duda, representa una de las formas más claras de unir ahorro económico y respeto por el medio ambiente:

Por un lado, nos ayuda a reducir de manera notable el gasto en electricidad, ya que la mayor parte de la energía que se consume procede directamente del sol, una fuente gratuita e inagotable. Con el tiempo, la inversión inicial en paneles se amortiza, y a partir de ahí la factura eléctrica baja de forma constante. Pero más allá del ahorro, lo verdaderamente importante es el impacto positivo en el planeta. Al generar electricidad sin combustibles fósiles, no se emiten gases contaminantes ni se contribuye al calentamiento global. Además, los sistemas actuales tienen una vida útil muy larga (de unos 25 o 30 años) y pueden reciclarse casi en su totalidad, lo que los convierte en una opción respetuosa y sostenible.

Así que podemos confirmar sin problema que la energía solar fotovoltaica es una aliada tanto del bolsillo como del medio ambiente: permite a las familias ser más autosuficientes, fomenta un modelo energético limpio y demuestra que cuidar la economía y cuidar la Tierra pueden ir perfectamente de la mano.

¿Es apta para todas las casas?

Antes de terminar (y antes de aclarar que la inversión merece muchísimo la pena, como hemos podido comprobar) es importante aclarar que la energía fotovoltaica puede adaptarse a viviendas independientes, terrenos e incluso pisos:

  • Si pensamos en viviendas unifamiliares o chalets, encontraremos que la instalación resulta muy sencilla. Lo habitual es colocar los paneles en el tejado o en una estructura anexa del terreno, orientados hacia el sol para aprovechar al máximo la radiación. Este tipo de casas suelen tener espacio suficiente y libertad para decidir el número de paneles, por lo que es la opción más cómoda y la que ofrece un mayor rendimiento.
  • En terrenos rurales o fincas, donde no siempre hay conexión a la red eléctrica, la energía fotovoltaica se convierte casi en una solución imprescindible. Se encarga de disponer de electricidad de manera autónoma gracias a los sistemas aislados con baterías, idóneos para viviendas de campo, casetas agrícolas o segundas residencias.
  • En el caso de los pisos, se pueden aprovechar las cubiertas comunitarias o las azoteas, donde se instala un sistema compartido para todos los vecinos o individualizado según el consumo de cada hogar.

Por tanto, queda más que aclarado que no se trata de un sistema reservado a quienes viven en el campo o tienen una casa grande, ¡Todos podemos disfrutar de esta energía más limpia, que nos ayuda a ahorrar y ayudar al planeta!

No lo dudes: apostar por el sol es sinónimo de apostar por una energía limpia, rentable y duradera, pensada para integrarse de forma natural en la vida cotidiana y reducir cada vez más la dependencia de la red eléctrica convencional.

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